sábado, 14 de enero de 2017

Calle del Alamillo

Calle del Alamillo

La calle del Alamillo transcurre entre la costanilla de San Andrés y la calle de Alfonso VI en su intersección con la calle de la Morería, formando un pequeño ensanche que crea la plaza del Alamillo.

Diferentes cronistas coinciden en que el origen de calle y plaza del Alamillo datan del Madrid árabe, en el que pudieron ser una de las arterias del barrio moro, donde se quedaron y residieron los vecinos musulmanes desde 1083, año de la toma de Madrid por Alfonso VI.

La versión popular propone que el nombre les viene del álamo que presidía el paraje hasta que fue arrancado por un huracán, y cuya sombra pudo servir en su origen al «alamín», como espacio municipal para desempeñar sus tareas. Hay que anotar que, con la aljama como órgano de gobierno, la morería madrileña poseía su propia organización institucional, diferente a la cristiana; los cronistas proponen que en este lugar se reunía el Ayuntamiento árabe en tiempos del califato cordobés de Hixén II. Según esta hipótesis, el topónimo resultante provendría del citado vocablo árabe, que, tras el proceso de cristianización y por similitud fonética, terminó convertido en "alamillo".

Leyenda
El cronista Pedro de Répide recoge la anécdota de que fue en la plaza del Alamillo donde el legendario Cid Campeador, investido de temerario picador taurino, "alanceó un toro en la fiesta de Aliatar" para celebrar la conquista de Toledo por Alfonso VI. Todo ello lo toma de las quintillas que dejó escritas Nicolás Fernández de Moratín, conocidas por su verso inicial "Madrid, castillo famoso". No menos legendarias son las catacumbas, pasadizos y cuevas que minan el subsuelo de la plaza y su entorno desde su periodo musulmán, y que partiendo de la casa del Pastor (en la calle de Segovia, junto a los "Caños Viejos"), llegan hasta las inmediaciones del río Manzanares.

En la literatura
Antonio Hurtado en su 'romance histórico' Los Padres de la Merced (leyenda de 1580), dejó estos versos descriptivos
"En la antigua Morería,
barrio en Madrid conocido
hay una calle llamada
la calle del Alamillo...",

 que continua con dos octavillas de parecida fortuna. Menos lírica le parece a Unamuno que en sus Paisajes la retrata así: "Más que plaza es un callejón sin salida, enteramente lugareño, con unos arbolillos entecos".

Por su parte, Emilio Carrere, en su Ruta emocional de Madrid (1935), salva la memoria romántica del lugar en su "Plazuela del Alamillo", cuyos últimos versos se cierran así:
"Novia mía, ¡cuando paso
por nuestro antiguo rincón,
el gris que hay en mis cabellos
me duele en el corazón".

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