lunes, 30 de enero de 2017

Calle del Carmen


Calle del Carmen

La calle del Carmen comienza en la Puerta del Sol y acaba en la Plaza del Callao.

Cuando el regidor don Luis Gaitán de Ayala dio en 1579 a esta calle el nombre que desde entonces perdura, ya había quedado limpia de impureza, tal como algunos años antes escándalo de algunas almas piadosas.

Cuarenta años antes, eran todavía aquellos lugares parte del mayorazgo de don Juan de la Victoria Bracamonte, a quien hay que hacer a menudo referencia cuando se habla del origen de calles que luego fueron del centro de Madrid, y en ellas, habiéndolas adquirido, tuvieron sus fincas los Ramirez de Baquedano, Don Cristóbal de Mora, camarero de Felipe II, y el presidente del Consejo de Castilla, que labró su casa en lo que es esquina a la calle de Tetuán, anteriormente llamada de los Negros.


Calle de Carlos III


Calle de Carlos III

Pequeña calle de Carlos III transcurre entre la calle de Vergara y la plaza de Oriente
desembocando frente al Palacio Real de Madrid en los Jardines de Sabatini. Esta calle fue en sus orígenes, durante la época musulmana, uno de los barrancos que flanqueaba la cima de la colina en la que se asentaba la antigua Mayrit.

Abriose en parte del terreno que ocupaba la calle de Santa Catalina la Vieja , que fue derribada en tiempos de los franceses, pues José Bonaparte, que preparó en mucho la reforma urbana de Madrid, hizo demoler conventos y casas en los alrededores de Palacio, dejando dispuesto el terreno para la construcción que años más tarde había de hacerse de la plaza de Oriente y las calles abocadas a ella.

La calle de Carlos III tiene una fisonomía característica, que la dan, de un lado, la entrada al teatro Real por la puerta de contaduría, que es la más frecuentada, y del otro, la permanencia de uno de los pocos cafés a la antigua usanza que había en Madrid, El Español, que tenía un decorado muy del siglo XIX y su público de músicos y partes de la ópera, y en cuyos billares, lo que era una nota curiosa de la vida nocturna madrileña, se agolpaba a la hora de la función en el vecino coliseo la muchedumbre de quienes deseaban entrar en él, formando parte de la “claque” que en ese teatro, como en ningún otro, conservaba la tradicional y transcendental importancia de la clase de “alabarderos”.


Calle de Caravaca


Calle de Caravaca

La calle de Caravaca se encuentra entre la calle de Lavapies y la calle del Mesón de Paredes.

Tardó en formarse esta calle, que no aparece en el plano de Texeira y de la que empieza a tenerse noticia ya entrado el siglo XVIII, pero con el nombre de Cruz de Caravaca. 

Se debe el nombre a la presencia de una cruz de brazos dobles o cruz de Caravaca en la zona, perteneciente a una capillita vecina a la gran finca que el cardenal Zapata poseyó allí. Había gran veneración por la capilla y la cruz; muchas damas se hacían llevar ante ella para adorarla. Se convirtió además en el centro de las célebres fiestas de la Cruz de Mayo, cuando las majas o mayas pedían dinero a los transeúntes. Esta, en principio, simpática costumbre se acabó convirtiendo en un abuso y los regidores de la villa legislaron contra ella. Ya en 1769 la Sala de Alcaldes de Corte sentó jurisprudencia contra ellas. Porque las mayas se sentaban en una especie de trono o altarcillo, con sus mejores galas, de modo que hacían de reclamo mientras las amigas pasaban el platillo. La fiesta fue definitivamente prohibida por el alcalde José Abascal, ya a finales del siglo XIX, pero se recuperó en 1988, por iniciativa de diversas asociaciones vecinales apoyadas por la concejalía del distrito Centro.


Calle del Capitan Salazar Martinez


Calle del Capitan Salazar Martinez

La calle del Capitan Salazar Martinez está entre la calle de Toledo y la calle de la Arganzuela.

Desde 1911 recuerda esta calle a un militar muerto en el desastre del barranco del Lobo, durante una de las guerras de África, pero en otros tiempos llevó nombres diferentes.

Antiguamente recibía el nombre de San Lorenzo o del Albergue de San Lorenzo. Se llamó de ambas formas por el asilo de San Lorenzo aquí situado.

En el plano de Texeira se llama de San Lorenzo, sin duda a causa del cercano albergue del mismo nombre que hubo allí. En el siglo XVIII, cuando Espinosa trazó su mapa, ya recibe el nombre de calle de los Cojos, al que alude Répide como apelativo popular que no lograba ser desbancado por el recuerdo del heroico militar. Lo de los cojos se explica por los cinco tullidos que solían frecuentar el albergue de San Lorenzo en los primeros años de su existencia. Dos de ellos encontraron su desgracia en la gloriosa batalla de Lepanto y los otros tres ejerciendo como alarifes en magnas obras como el monasterio de El Escorial o el Alcázar de Madrid. De tanto ir los cojos al albergue, la gente empezó a conocer la calle así. Cuentan los cronistas, con Capmany a la cabeza, que Miguel de Cervantes era conocido de los dos cojos de Lepanto y que de vez en vez los acorría en la medida de su modestia. Peñasco y Cambronero son más prosaicos e indican que tal vez el nombre se deba a una familia, todos lisiados.

Calle de Caños Viejos

Calle de Caños Viejos

Está entre la calle de la Morería y la calle de Bailén.

Para algunos, la calle de Caños Viejos (también cuesta de Caños Viejos) es la más antigua de las calles de Madrid.

El nombre de la calle proviene de la Fuente de los Caños Viejos, también llamados Fuente de San Pedro, tan antigua que ya se habla de ella en los Fueros de 1202. La fuente estuvo primero en la Cuesta de la Cruz Verde y luego junto a la Casa del Pastor, en la cercana calle de Segovia y a la sombra del actual Viaducto.

Los orígenes de Madrid se encuentran aquí, junto al arroyo que discurría por lo que hoy es la calle de Segovia. De las aguas se surtían diversas fuentes y una de ellas estaba canalizada mediante unos caños que son los que dan nombre a esta calle del barrio de la Morería.

Calle de los Caños del Peral

Calle de los Caños del Peral

La calle de los Caños del Peral se encuentra entre la plaza de Isabel II y la costanilla de Los Ángeles.

Popularmente la calle fue conocida con el nombre de Arrastraculos por lo empinada que es.

Tomaba el nombre actual de los dos famosos caños protegido por un peral que surtían de agua a unos baños públicos que había en esta calle en tiempos de los árabes. Aunque se cuenta que Alfonso VIII los mandó derribar porque le desagradaba que sus soldados se bañaran frecuentemente ya que pensaba que les quitaba fuerzas para las campañas, es más probable que lo hiciera para aprovechar el agua con destino a la llamada huerta de la Reina, quinta de recreo que mandó construir para su esposa doña Leonor y que se extendía desde la calle del Arenal hasta la de las Fuentes, pasando por la actual plaza de Isabel II.

La fuente fue diseñada posteriormente por Juan Bautista de Toledo, primer arquitecto del Monasterio de El Escorial, haciendo que se constituyera por un conjunto de caños distribuidos a lo largo de 34 metros, con un frente de sillares almohadillados de granito y caños monumentalizados mediante veneras de granito. Junto a ella, se encontraba un acueducto denominado de Amaniel que conducía el agua hasta el Palacio Real. Estuvieron en funcionamiento hasta mediados del siglo XVIII.


Calle de Cañizares


Calle de Cañizares

La calle de Cañizares es una pequeña calle que se encuentra entre Tirso de Molina y Antón Martín en el barrio de Lavapiés. Transcurre entre la calle de la Magdalena y la calle de Atocha.

Inicialmente se llamó calle de San Sebastián ya que conducía a esta iglesia.

Esta zona era conocida por la heredad de los Cañizares, donde tenía su quinta Juan Antonio de Luján.

Cuenta la leyenda que una noche, un amigo de Luján montó en su caballo a una mujer de un prostíbulo y la llevó a la quinta. Cuando llegaron la arrastró hasta un humilladero que allí había mientras la mujer luchaba por soltarse. Como señal de respeto hacia el Cristo del santuario, el hombre apagó el cirio pero en ese momento el Cristo dejó caer su corona de espinas.


martes, 24 de enero de 2017

Plaza de Cánovas del Castillo


Plaza de Cánovas del Castillo

La plaza de Cánovas del Castillo es un gran espacio circular en cuyo centro se sitúa la Fuente de Neptuno y en el que desemboca la calle de Felipe IV, el Paseo de Recoletos, la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado.

Entre los edificios singulares de la plaza están el Hotel Palace, el Hotel Ritz y el Palacio de Villahermosa (que actualmente ocupa el Museo Thyssen-Bornemisza).

La plaza debe su nombre al político decimonónico Antonio Cánovas del Castillo y constituye el nexo de unión entre los paseos del Prado y Recoletos. Esta es la plaza de Neptuno, nombre éste tan popular que hace que poca gente sepa que está dedicada al político y literato.

La mayor parte de esos lugares tuvieron una especial relación con la vida de Antonio Cánovas del Castillo.

viernes, 20 de enero de 2017

Plaza de Canalejas


Plaza de Canalejas

La plaza de Canalejas, antes conocida como de las Cuatro Calles, se encuentra situada en el tradicional centro bancario de Madrid, entre la Carrera de San Jerónimo y las calles de la Cruz, de Sevilla y del Príncipe.

Lleva el nombre del político y orador José Canalejas, que murió asesinado por un anarquista mientras miraba el escaparate de la desparecida librería San Martín, de la Puerta del Sol esquina a la calle de Carretas, a unos cien metros de esta plazoleta de Canalejas.

Calle de Campomanes

Calle de Campomanes


La calle de Campomanes se encuentra entre la plaza de Isabel II y la cuesta de Santo Domingo.

Calle con trazado curvo, aspecto muy destacado por los cronistas antiguos, abierta en los terrenos que pertenecieron al célebre convento de Santo Domingo el Real, cuya reseña corresponde a la cuesta que ostenta tal nombre.

La calle se abrió poco después del derribo del convento, acaecido en 1868. Peñasco y Cambronero indican que los servicios municipales fueron establecidos en 1872.

Está dedicada al economista y político Pedro Rodríguez de Campomanes (1723-1802), conde de Campomanes, fundador de las llamadas Sociedades Económicas.

Plaza del Callao


Plaza del Callao

La plaza del Callao está entre la Gran Vía, las calles de los Preciados, del Carmen y de Jacometrezo y el postigo de San Martín.

A mediados del siglo XIX se abrió un espacio entre las calles de los Preciados y del Carmen al derribar parte de la manzana 378. Así surgió nuestra plaza, que recibió su nombre en 1866 a raíz del bombardeo del puerto peruano del Callao por la armada española el 2 de mayo de ese año. Fue en esa acción de la inverosímil guerra del Pacífico cuando Méndez Núñez dijo su famosa frase: “Antes honra sin barcos que barcos sin honra”. Y efectivamente fue la honra lo único que se jugó, pues en la acción no hubo ni vencedores ni vencidos, ni sirvió para nada, sólo para que muriesen muchas personas.

Calle del Calvario


Calle del Calvario

La calle del Calvario, que va de la calle de Jesús y María a la calle del Olivar, tuvo fama porque allí terminaba el Calvario o Vía Crucis que San Francisco de Asís fundador del Convento de su nombre hizo construir, señalando los lugares donde debían ir las cruces de madera, más tarde se hicieron de piedra de Colmenar. El Vía Crucis partía del convento de San Francisco (actual San Francisco el Grande). 

La Hermandad de la Vera Cruz salía los Viernes de Semana Santa a recorrer la Vía Sacra y en la madrugada del Viernes Santo acudían los disciplinantes con túnicas cenicientas, descalzos, arrastrando cadenas y grandes cruces. El campo del Calvario estaba bendito y muchas personas enterraban allí sus cadáveres. También eran sepultados los reos condenados a ser lapidados o descuartizados. Al realizar las obras de mejora de las calles, aparecieron gran número de esqueletos que fueron trasladados al antiguo cementerio ya desaparecido de San Sebastián en la Calle Méndez Álvaro.

En la calle del Calvario, el 9 de Febrero de 1804 nace Luis Candelas Cajigal.

Calle de Calderón de la Barca

Calle de Calderón de la Barca



La calle Calderón de la Barca sale de la calle Mayor y conduce a la plaza del Biombo.

En el solar que ocupó hasta 1836 el convento de Constantinopla se abrieron algunas calles; una de ellas es ésta de Calderón de la Barca, que recibió el nombre del gran dramaturgo español a propuesta de Mesonero Romanos ya que estuvo sepultado muy cerca, en la desaparecida iglesia de San Salvador. Cuando el templo fue derribado en 1842 y tras una intensa búsqueda, los restos que se creyó eran de se llevaron primero a la iglesia de las Calatravas y luego al cementerio de San Nicolás, que estuvo en la calle de Méndez Álvaro.

Calle de Calatrava


Calle de Calatrava

La calle de Calatrava se encuentra entre la calle de Toledo y la plaza de San Francisco.

En origen, el tramo de la actual calle de Calatrava comprendido entre la Carrera de San Francisco y la calle del Ángel se denominó calle de San Francisco hasta que en 1835 recibió el nombre de los Santos por un cuadro dedicado a San Francisco y Santo Domingo que había en una casa de la Venerable Orden de San Francisco situada en esta calle. Comprendía parte del antiguo campillo de San Francisco. Desde 1932 recibe el nombre de Calatrava como continuación de ésta. La calle de Santos desapareció con la construcción de la Gran Vía de San Francisco. En este lugar tuvo su quinta Mosén Romano, el opulento judío, contador mayor de Castilla y amigo de Enrique II a quien prestaba grandes sumas de dinero.

Calle de Cadiz

Calle de Cádiz

En la calle de Cádiz hay una gran oferta de bares y restaurantes. Va de la calle de Carretas a la calle de Espoz y Mina.

Está formada por el primer trozo de la antigua calle Angosta de Majaderitos, que formando escuadra volvía por la actual calle de Espoz y Mina hasta la calle de la Cruz.

La calle de Cádiz nunca tuvo paso de carruajes por lo que siembre fue especialmente agradable.

Calle de la Cabeza


Calle de la Cabeza

La calle de la Cabeza está entre la calle de Jesús y María y la calle del Ave María.

Ya aparece con este nombre en el plano de Texeira. Está relacionada con una de las leyendas más célebres de nuestra villa.

Se cuenta que en ella vivía un sacerdote que debía poseer una no menguada hacienda. Un criado suyo, decidido hacerse con ella para lo que mató al cura cruelmente, decapitándolo. Robó los dineros del clérigo y huyó a Portugal.

No se supo sino tiempo después que el asesinato se había cometido, ya que fueron a buscar al sacerdote para que asistiera a un entierro que iba a celebrarse en la cercana iglesia de San Sebastián, donde el cura tenía unas capellanías. Entonces fue cuando se descubrió el horrible crimen.


jueves, 19 de enero de 2017

Travesía de los Cabestreros


Travesía de los Cabestreros

La travesía de los Cabestreros transcurre entre la calle de los Cabestreros y la calle de Embajadores.

Esta pequeña calle en escuadra se llamó hasta bien entrado el siglo XIX de San Juan; ningún cronista se para a explicar el motivo de este nombre. Antonio Capmani asegura por su parte que en tiempos era llamada calle de San Justo, a causa de una pintura que hubo en una casa propiedad de la Congregación Sacramental de San Justo. 

Desde el siglo XVIII es conocida esta travesía, al igual que “su hermana mayor la calle de los Cabestreros, porque aquí residían y tenían sus talleres varios miembros de este gremio.


Calle de los Cabestreros

Calle de los Cabestreros

La calle de los Cabestreros está entre la calle del Mesón de Paredes y la calle de Embajadores.

Desde el siglo XVIII es conocida, al igual que su "hermana menor" la Travesía de los Cabestreros, como calle de los Cabestreros, ya que en ella residían y tenían sus talleres varios miembros de este gremio.

El oficio de cabestrero consistía en hilar el cáñamo para obtener fuertes cordeles con los que fabricar los cabestros o ramales para las caballerías. Los cabestreros que ocuparon esta calle fundaron una capilla con la advocación de San Antonio Abad su patrón en la iglesia de San Cayetano. Fueron famosas las fiestas y romerías que los cordeleros celebraban en honor de San Antonio.


Calle del Caballero de Gracia

Calle del Caballero de Gracia

La calle del Caballero de Gracia es una antigua y céntrica vía de Madrid que baja desde la calle de la Montera hasta la Gran Vía donde esta se encuentra con la calle de Alcalá.

Debe su nombre a Jacobo de Grattis, caballero italiano natural de Módena avecindado en el siglo XVI en esta calle (que luego tomó su nombre), en la que era propietario de numerosas casas. De entre los edificios conservados, destaca la entrada al Oratorio del Caballero de Gracia que tiene fachada también en la Gran Vía.

Tuvo en su antiguo origen otros nombres: calle de la Florida; calle de Gracia, según aparece en el plano de Teixeira de 1656; y el algunos manuales aparece como calle del Clavel, que en realidad hace esquina a esta vía.

El origen de su último nombre, entre la leyenda y el romance, se inspira en las supuestas aventuras del casanova Jacobo de Grattis, y en concreto en su intento de seducción de Leonor Garcés, natural de Teruel y vecina de esta calle, casada con un infanzón aragonés. El donjuanesco de Grattis, rechazado por la honesta Leonor, sobornó a una doncella para que drogase a su dueña y le facilitara el acceso a la casa; intención que no pudo culminar pues cruzando la vecina encrucijada de la Red de San Luis un 'fulminante terror' vino a paralizarle conminándole a que se arrepintiese de sus pecados (en otras versiones la visión le asaltó ya en la cama de la señora, cuya casa, luego de deshabitarse tomo el nombre popular de "casa del Espanto"). Tras confesar su pecado al beato Simón de Rojas, se ordenó sacerdote e inició una vida de auténtico empresario eclesiástico fundando y construyendo diferentes congregaciones y conventos en sus terrenos en propiedad; en uno de ellos, el de Concepcionistas Descalzas se acogerían las monjas expulsadas de Inglaterra por Enrique VIII y se desarrolló, ya en el siglo XIX, la vida no menos legendaria de sor Patrocinio, la "monja de las llagas". También fundó la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, a la que perteneció Cervantes, y construyó el original oratorio que lleva su nombre, más tarde reconstruido por Juan de Villanueva.


Calle de Buenavista




Calle de Buenavista

La calle de Buenavista es, como muchas del barrio de Lavapies, una empinada que está entre la calle de Santa Isabel y la calle de la Fe.

Cuenta la tradición que en esta calle tenía su residencia la familia Castellanos, uno de cuyos miembros quitó a un moro una imagen de la Virgen en Algeciras. Lo hizo atravesando el pecho del sarraceno con una flecha, de forma tan certera que desde entonces fue apodado Buenavista. Y la imagen de la Virgen pasó a ser Nuestra Señora de Buenavista o de los Castellanos. En la capilla de la vivienda madrileña de los Castellanos estuvo mucho tiempo la imagen, dejando su nombre a la calle. Después se veneró en la desaparecida iglesia de la Trinidad, en la calle de Atocha, y en el siglo XIX, otro componente de la familia, el escritor Basilio Sebastián Castellanos, pagó de su bolsillo el traslado de la imagen a la iglesia de Chamberí.

Hace algunos años esta calle fue objeto de polémica, junto con su vecina calle de Zurita. Y es que el Ayuntamiento, en el Nuevo Plan General de Madrid, había previsto la demolición de las dos estrechas hileras de casas que hay entre las dos calles, para crear nada más y nada menos que el bulevar de Lavapiés. No pareció convencer demasiado esto a los vecinos, cuyas protestas hicieron cambiar de opinión a los ediles madrileños.

Travesía de Bringas



Travesía de Bringas

La travesía de Bringas se encuentra entre la plaza de San Miguel y la calle Mayor.

En el siglo XVII era esta vía un callejón de la Cava de San Miguel que recibía el nombre de Cobertizo de San Miguel. Después, se abrió hasta la calle de Ciudad Rodrigo, dividiendo en dos partes muy desiguales a la manzana 168. De Cobertizo se transformó en Pasadizo de San Miguel. En 1835 recibe el nombre actual en recuerdo del rico tendero que se estableció a fines del siglo XVIII en la esquina de la travesía con la calle de Ciudad Rodrigo. Su dueño Antonio Bringas y de la Presilla, intendente de los Ejércitos, disponía de un surtido muy grande de alpargatas, hierbas medicinales y tabaco y tenía fama de ser carero, por lo que se decía "si compras en Casa Bringas o regateas o la pringas".


Calle de Botoneras

Calle de Botoneras

Pequeña calle con numerosos bares y restaurantes que sale de la plaza Mayor y lleva a la calle Imperial.

Esta calle es una ampliación de uno de los arcos de entrada a la plaza Mayor, a la que se accede  mediante una escalerilla que salva el desnivel existente con la plaza. 

Calle de Bordadores


Calle de Bordadores

La calle Bordadores va de la calle Mayor a la del Arenal

En el pasado se llamó también de San Ginés, pero finalmente prevaleció el que lleva haciendo honor al gremio que allí se estableció.

Corría el tiempo de don Juan II cuando los maestros bordadores de telas se instalaron en la zona, entonces un arrabal donde edificaron sus casas. El terreno se lo cedió el propio rey con el objeto de que no se consintiese a otros de su oficio en la corte. Fueron ellos quienes bordaron un magnífico manto a la reina doña María de Aragón.


Calle del Bonetillo


Calle del Bonetillo

La calle del Bonetillo está entre la calle de la Escalinata y la costanilla de Santiago

En el plano de Texeira figura esta calle sin nombre, y en el de Espinosa se llama Bonetillo hasta la costanilla de Santiago, y el resto, calle de los Tintes, Ese trozo primero ya no existe, pues esta calle comenzaba en la Mayor, y en 1876 fue derribada la manzana que daba a estas dos y a la costanilla de Santiago y plaza o, Más bien, calle de la Caza.

El origen de su nombre parece encontrarse ligado a la primera fábrica de sombreros que había en Madrid y que allí se estableció.  Pero, lo cierto es que existe una leyenda que se remonta a la época de Felipe II y que nos la cuenta muy bien Pedro de Répide, cronista de la villa, en su libro ‘Las Calles de Madrid’.


miércoles, 18 de enero de 2017

Calle de la Bolsa


Calle de la Bolsa


Hasta muy entrado el siglo XIX la calle de la Bolsa era conocida como Plazuela de la Leña. Era más bien un callejón muy irregular que acababa en una violenta escuadra llamada Plaza de la Aduana Vieja. El antiguo nombre, según Mesonero Romanos, pudiera provenir de las pilas de madera que sirvieron de barricada a los comuneros madrileños y segovianos frente a las tropas imperiales. Como la calle se abrió en 1548, a propuesta de Francisco Castillo, secretario del Consejo, el recuerdo de aquella guerra era aún muy reciente. Peñasco y Cambronero recogen esta versión, pero es más creíble para ellos que en esta zona hubiese en otras épocas un mercado de leña “y así nos ahorramos de buscar etimologías que, por lo originales, pueden dar lugar á discusión”.


Calle de la Bola



Calle de la Bola

La calle de la Bola va desde la Plaza de la Encarnación a la calle de Torija.

De hecho, en el siglo XVII se le llamó calle de la Encarnación, mientras que durante la revolución del siglo XIX fue conocida como la calle del general Malcampo.

Es una calle tranquila en una de las zonas con más encanto de la ciudad, donde se pueden reconocer fachadas accesorias de palacetes señoriales. Como curiosidad, apuntamos que fue aquí también donde se imprimieron las proclamas para la huelga de agosto de 1917.

No está claro el origen del nombre de la calle ya que existen varias versiones. La primera de ellas habla de la existencia de una bola de piedra que hacía las funciones de guardacantón, para preservar la esquina del edificio de los carruajes, algo común en aquella época.

Plaza del Biombo


Plaza del Biombo

La Plaza del Biombo aparece ya perfectamente dibujada en el Plano de Texeira, que data del Siglo XVII.

Situada a espaldas de la Iglesia de San Nicolás de los Servitas, el templo en pie más antiguo de toda la ciudad. A sus lados, las calles de San Nicolás y de Calderón de la Barca.

Calle del Biombo

Calle del Biombo

En las inmediaciones de la catedral de La Almudena se encuentra la calle del Biombo, una estrecha y corta calle sita entre las calles del Factor y San Nicolás.

Se llama “del biombo” porque el nombre procede de un paredón que formaba parte del convento de Constantinopla que tenia aspecto quebrado y que el gracejo de los madrileños lo asimilaba a un biombo, aunque otra explicación, no despreciable, es la de la línea quebrada que formaban todas las callejuelas que rodean la iglesia de San Nicolás.

Travesía del Biombo


Travesía del Biombo


La travesía del Biombo es una pequeña calle que une la calle del Biombo con la calle de Juan de Herrera, bordeando uno de los laterales de la iglesia de San Nicolas.

Calle de la Berenjena


Calle de la Berenjena


La calle de la Berenjena no es sino una minúscula travesía que hay entre las calles de las Huertas y de Moratín, muy cerca del punto donde convergen.

Debe su curioso nombre a que cuando toda esta zona era un conjunto de huertas, en concreto las que pertenecieron al marqués de Castañeda, gentilhombre de cámara de Enrique IV de Castilla, había unos berenjenales que ganaron justa fama por sus frutos.

Tanto es así, que el poeta Álvarez Gato ya contaba que los vendedores ambulantes pregonaban las “berenjenas del huerto del marqués”.


Calle de Beatríz Galindo

Calle de Beatríz Galindo

La calle de Beatriz Galindo está entre las calles de Segovia y de San Buenaventura. En su transcurrir atraviesa la Cuesta de los Ciegos.

Es ésta una calle bastante sinuosa y empinada, que bordea la colina de las Vistillas y conduce hasta su cumbre.

Mucho tardó el Ayuntamiento en dedicar una calle a Beatriz Galindo "La Latina", que aunque no fue hija de la villa, sí que dejó en ella una estela muy importante y perdurable.

Calle de Bastero

Calle de Bastero

La calle de Bastero se sitúa entre la calle de Toledo y la calle del Carnero.

Su nombre lo toma del apodo que se dio a un hombre en virtud de su oficio. Se llamaba Jaime, tenía aquí su casa y su taller, y era bastero. Un bastero es alguien que se dedica a la fabricación de bastas, esto es, albardas de carga para las caballerías. Pero Capmany quiso rizar el rizo, y comentó con su habitual dosis de fantasía, que la real ocupación del tal Jaime era realmente el dibujo debastos en la baraja de naipes. ¿Es que no dibujaba los otros tres palos?

El Bastero era propietario del terreno donde Pedro de Cuenca determinó fundar el albergue de San Lorenzo, junto a la Cuesta de los Cojos, y en el que recogía a los menesterosos la ronda de pan y huevo, a la que perteneció el Bastero, siendo de los que más fervorosamente se consagraron a la caritativa institución.

Calle del Barquillo

Calle del Barquillo

La calle del Barquillo transcurre entre la calle de Alcalá y la de Fernando VI.


La calle del Barquillo formóse en tierras de las eras de Vicálvaro, pueblo cuya jurisdicción llegaba hasta estos parajes. El origen de su nombre parece ser análogo al de la calle del Barco, por la primitiva configuración de estos terrenos, aunque existe la tradición del barquillo que tenía  la marquesa de Nieves en el estanque de su finca en la parte alta de la calle, donde luego se levantaría el convento de las Descalzas Reales. Lo evidente es que antes de que existiera la calle ya se encuentra en documentos del siglo XVI la denominación de aquel lugar como las tierras "que dicen al Barquillo".

Calle del Barco

Calle del Barco

La calle del Barco se encuentra entre la calle del Desengaño y la plaza de San Ildefonso.


Los terrenos en que se abrió esta calle eran propiedad del abad de Santo Domingo de Silos y del prior de los reyes de Castilla. Pasaron luego a propiedad de don Juan de Victoria Bracamonte, quien vendió parte al marqués de Leganés y parte a la marquesa de Villaflores. El de Leganés cedió un pedazo de su posesión a los monjes basilios para que edificaran su convento (en la calle del Desengaño), y la de Villaflores dio sus tierras para la erección de un monasterio de mercedarias descalzas (en la calle de la Puebla esquina a Valverde), cuya fundación confió a su confesor, don Juan Pacheco de Alarcón. Y la tradición es que cuando se estaba construyendo esta casa de religión, al ver la configuración del terreno de la que había de ser calle, dijo que aquello parecía un barco, y añadió el padre Alarcón: " en el que van frailes y monjas". Sin embargo, es más probable que el nombre lo tomara de Gregorio Barco que vivió en esta calle.

Calle de Barcelona


Calle de Barcelona

La calle de Barcelona transcurre paralela a las calles de Carretas y de Espoz y Mina y va de la calle de la Cruz a la calle de Cádiz.

Se llamaba antiguamente calle Ancha de Majaderitos pues la Angosta de los Majaderitos era la actual calle de Cádiz que doblaba formando escuadra con la actual calle de Espoz y Mina. Tanto la Angosta de Majaderitos como la Ancha de Majaderitos tomaban esa denominación por el mazo llamado "majadero o majaderno" que usaban los batihojas o tiradores de oro que en estos pasajes tenían sus talleres.

Calle de Bailen


Calle de Bailen

La calle de Bailén es una de las principales vías de Madrid. Se encuentra entre la Plaza de España y la plaza de San Francisco. Transcurre por delante de la fachada principal del Palacio Real. El primer trozo que se abrió de la calle fue el comprendido entre la cuesta de San Vicente y la plaza de la Marina Española.

martes, 17 de enero de 2017

Calle del Ave María




Calle del Ave María

La sinuosa calle del Ave María va de la calle de la Magdalena a la plaza de Lavapiés.

En el Barrio de Lavapiés se ubicó antiguamente la judería de la ciudad. Con la expulsión de los judíos de esta zona en el Siglo XV se comenzó una cristianización de la zona, bautizando a las calles con nombres de exaltado carácter religioso como  calle del Amor de Dios, calle de la Fé o, como esta que nos ocupa, calle del Ave María, denominada hasta entonces como calle del Barranco.


Calle de Atocha


Calle de Atocha

La calle de Atocha discurre entre la plaza de la Provincia (adyacente a la Plaza Mayor) y el Paseo del Prado, junto a la plaza del Emperador Carlos V (conocida popularmente como glorieta de Atocha).


Es una de las más importantes calles de Madrid, y su nombre, ocioso es decir que se refiere al santuario de Atocha, para el cual servía de camino. Primeramente no llegaba más que hasta donde Antón Martín fundó su hospital. En aquel lugar se hallaba entonces la puerta de Atocha, y allí cerca la ermita de San Sebastián. La entrada a la calle por Santa Cruz era sumamente estrecha, y no fue ensanchada hasta mediados del siglo XVII.


lunes, 16 de enero de 2017

Calle de Arrieta

Calle de Arrieta


La calle de Arrieta sale de la Plaza de la Encarnación y conduce a la Plaza de Isabel II.

Contiene interesantes edificios como el de la Real Academia de Medicina, con bellas esculturas en su fachada.

Llamábase primeramente calle de la Biblioteca, por hallarse en ella la Biblioteca Nacional, antes Real Librería, en un vetusto edificio que al ser trasladada aquella al palacio de Recoletos permaneció breve tiempo destinado a oficina del Estado, y fue al fin demolido, levantándose en su lugar el actual y hermoso de la Real Academia de Medicina.



Calle de Arlaban


Calle de Arlaban

La calle de Arlaban está entre la calle de Sevilla y la calle de Cedaceros.


Primeramente se llamó callejón de los Gitanos porque era el lugar donde acampaban los gitanos nómadas antes de que se urbanizara la zona. Estos gitanos tenían una imagen de una virgen que fue adquirida por una dama, quien la dejó en depósito en el estudio de un escultor de la calle de Echegaray.

El nombre actual recuerda a la batalla de  Arlabán (Álava), ocurrida en 1835 durante la primera guerra carlista.



Calle de Argumosa

Calle de Argumosa


La calle de Argumosa, popularmente conocido como "el bulevar de Lavapiés", une la plaza de Lavapiés con la Ronda de Atocha.

Si bien Peñasco y Cambronero indican que la calle está dedicada al jurisconsulto Wenceslao Argumosa y Bourke (1761-1831), y Federico Bravo Morata lo acepta, Répide dice que en realidad el homenajeado es el cántabro Diego de Argumosa y Obregón, cirujano (lo que apoya esta hipótesis, dada la cercanía del antiguo Colegio de Cirugía de San Carlos), nacido en 1790 y fallecido en 1865.

El espacio que ocupa la plaza de Lavapiés y parte de la actual calle de Argumosa se encontraba, a finales del siglo XVI ocupado por un gueto judío cuya sinagoga se encontraba situada en la actual parroquia de San Lorenzo. Llegando a existir un cementerio en las cercanías. Las viviendas de esta calle formaban parte de los denominados «barrios bajos» de la ciudad.

Calle de Arganzuela



Calle de Arganzuela

La calle de Arganzuela es una antigua calle del Madrid de los Austrias. Baja desde la calle de Toledo hasta la castiza plaza del Campillo del Mundo Nuevo, en la Ronda de Toledo, en las inmediaciones del Rastro. Parece probable que el origen de este nombre fuera la Dehesa de Arganzuela, zona de pastos a orillas del río Manzanares en el sur de Madrid.

Esta calle se llamada con anterioridad "calle de la Encrucijada" y "calle de la Mancebía" por la mancebía que tuvo ubicación entre esta vía y la calle de Toledo. Los modernos especialistas en la historia de las calles de Madrid atribuyen el nombre de "Arganzuela" a la fantasía de los cronistas clásicos de esta villa, y especulan con la posibilidad de que, en realidad, se trate de una deformación del gentilicio de los colonos llegados de Arganda del Rey que se instalasen en esta zona del viejo Madrid (Arganda pequeña = Arganduela = Arganzuela).

La leyenda popular que remonta el origen de esta calle al reinado de Isabel la Católica, relata la historia de la familia de un alfarero venido del pueblo de Daganzo (al que conocían sus vecinos como "el tio Daganzo") que, viudo y con varios hijos, se instaló en una alquería de las inmediaciones. Tenía el alfarero una hija, "Sanchica" (diminutivo de Sancha), la menor de los hermanos, que a pesar de ser pequeña y enfermiza, subía a diario las cantarillas del cercano río Manzanares necesarias para el trabajo del alfar y la subsistencia familiar. Y ocurrió que pasó por allí la reina, sedienta para mayor fantasía. Le pide agua y Sanchica se la ofrece en su mejor cantarilla: Una lágrima en el rostro de la niña despierta la piedad y curiosidad de la reina. Tras la conversación, ordena a un hombre de su séquito que llene tres veces el cántaro y riegue el perímetro de una pieza de tierra que regala como dote real a la muchacha. El lugar empieza así a llamarse "de la Daganzuela" (la “chicuela” de Daganzo), que más tarde se transformará en "la Arganzuela". La "sanchica" alfarera acabó, como suele ocurrir en casi todas estas piadosas leyendas, en la Venerable Orden Tercera de San Francisco (de ahí que el ceramista Ruiz de Luna la pintase con toca blanca y saya oscura en la placa del callejero de Madrid).
Toda esta historia parece ser solo un invento de Antonio Capmani, autor de libro "Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid" y aceptado por cronistas posteriores a él.

Calle del Arenal



Calle del Arenal

Conserva esta calle tradicionalmente su nombre del erial arenoso que en su ligar se hallaba, y que se profundizaba al llegar al barranco de la Zarza, donde luego se formó la calle de este nombre, ya junto a la Puerta del Sol. Terraplenada la calle con tierra de los desmontes de los lugares donde se hicieron la calle de Jacometrezo y otras cercanas, todavía por la parte de los Caños, donde ahora es la plaza de Isabel II, quedó un desnivel tan enorme que venía a estar a la altura de la parte honda de la calle de la Escalinata.


domingo, 15 de enero de 2017

Calle del Arco del Triunfo

Calle del Arco del Triunfo

La calle del Arco del Triunfo transcurre entre la calle Mayor y la Plaza Mayor y paralela a las calles del 7 de Julio y de Felipe III.

Esta breve calle no es sino uno de los ocho arcos de acceso a la plaza Mayor. Ya aparece en el plano de Texeira, cuando aún las entradas a la plaza estaban sin cubrir.

Carece de rotulación en este plano, pero en el de Espinosa recibe el terrible nombre de callejón del Infierno. No está muy claro el origen de tan peculiar apelativo, aunque hay quien se aventura a decir que se debe a las inmensas llamas que por allí surgieron en alguno de los grandes incendios que ha sufrido la plaza Mayor desde su construcción. +También se le llamó calle del Peso Real porque esta oficina, que estuvo en el primer piso de la Casa de la Panadería, tenía su entrada por esta calle, la cual hubo de ser ensanchada en el siglo XVIII motivando uno de los infinitos epigramas de Salicio, el clérigo don Francisco Gregorio de Salas:
     "¿En qué estado se hallarán 
      las costumbres de este pueblo,
      cuando es preciso ensanchar
      el callejón del Infierno?"


Actualmente no está dispuesta para el paso de carruajes como sus paralelas de Felipe III y del Siete de Julio; pero en 1619 precisamente se rebajó vara y media del piso de este callejón para que entrase por él coche de los reyes cuando venían a presenciar festejos a la plaza Mayor.


El callejón del Infierno, al que se dio el nombre del Arco del Triunfo en 1854 por el que obtuvieron los constitucionales de la Milicia Nacional sobre los realistas de la Guardia Real el 7 de julio de 1822. La Guardia quería restablecer el absolutismo, y los milicianos defendieron la Constitución de Cádiz. Por esa vez vencieron los constitucionales, pero como todos sabemos, a la Pepa le quedaban pocos meses de vida, ya que al año siguiente Fernando VII fue liberado de su cautiverio por los franceses del Duque de Angulema.


El callejón ofrece una particularidad en la historia de los atentados políticos cometidos en Madrid durante el siglo XIX. En el número 2 vivía el cura don Martín Merino que asestó una puñalada a Isabel II el día 2 de febrero de 1852, cuando la reina, al frente de su comitiva, se dirigía por las galerías de Palacio a la capilla, llevando para presentar a la Virgen a su hija primogénita la infanta Isabel Francisca. Y por aquellos lugares vivía años después el cura don Cayetano de Galeote, que el Domingo de Ramos de 1886 mató a la entrada de la antigua catedral de San Isidro al primer obispo de Madrid, don Narciso Martínez Izquierdo.


La placa de esta calle está tapada con una verja que impide su fotografía. Lo más significativo de la calle en la actualidad es que tiene una entrada al parking que hay bajo la plaza mayor y que es refugio de personas que han encontrado aquí un lugar resguardado donde poder dormir.