lunes, 9 de febrero de 2015

Calle de Carretas

Calle de Carretas


La calle de Carretas es una de las calles que desembocan en la Puerta del Sol. Transcurre entre la mencionada Puerta del Sol y la plaza de Jacinto Benavente.

Su nombre tiene como origen a la guerra de las Comunidades de Castilla, cuando los amotinados colocaron aquí un parapeto de carretas para defenderse de los imperiales y para moverles a más piedad colocaron en las carretas a los enfermos del hospital de San Ricardo que estaba próximo, logrando, gracias a esta estratagema, llegar a un acuerdo con los sitiadores lo que les permitió quedar libres para unirse luego a las tropas de Juan Bravo y de Padilla.

Históricamente, la calle de Carretas es una vía importante ya en el siglo XVII. En el siglo XVIII una de las principales de la Corte con bellos edificios como el que albergaba hasta su supresión, en 1867, la Imprenta Real de la Gazeta (cuyos bajos ocupaba la Calcografía Nacional), obra del arquitecto neoclásico Manuel Turillo, o el que se llamó de la Compañía de Filipinas, por haberse instalado allí aquella empresa hasta su disolución en el primer tercio del siglo XIX y que luego fuera domicilio social del Circulo de la Unión Mercantil.

Otra de las características tradicionales de esta calle fue su activo comercio. En tiempos de Mesonero Romanos (1833) había “apreciadísimas tiendas” dedicadas al comercio de la librería y antes al de la broquelería, de ahí que también fuera conocida esta calle como de los Libreros y de los Broqueleros. Dicen también los cronistas de Madrid que, durante la fiestas del Corpus, la calle se enarenaba y cubría con toldos, de forma semejante a como todavía se hace en las calles por donde pasa la procesión en la ciudad de Toledo. Fue esta calle, además, junto con la de la Montera, las primeras en Madrid en tener aceras, una “novedad” que no fue demasiado bien recibida por los madrileños de 1834.

En la calle de Carretas hubo también muchos  establecimientos y locales de ocio. Famosos fueron el Teatro-Café La Infantil, fundado hacia 1870 y en el que los parroquianos podían tomar café con media tostada mientras asistían al espectáculo; el Teatro Romea, fundado en 1892 y demolido en 1935 que estaba sito en el mismo lugar del anterior y que era un gran teatro dedicado al cuplé, la revista y la comedia musical y, por supuesto el viejo café y botillería de Pombo que hacia esquina con la calle de San Ricardo, la “cripta profana y civil”, venerable y llena de recogimiento, inmortalizada por los pinceles de Solana y a la que diera fama la tertulia regida por Ramón Gómez de la Serna.

Más tarde, a finales del siglo XIX, la calle se hizo famosa por la cantidad de tiendas especializadas en aparatos de ortopedia. Fue también calle de librerías (como la de Escamilla). Además, en esta calle existían diversas tabernas de la época.

El Maestro Ruperto Chapí le dedicó una de sus zarzuelas de ambiente castizo, que tituló precisamente La calle de Carretas, estrenada en 1881.

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